Comisiones Obreras de La Rioja

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Información actualizada sociolaboral y de salud laboral actualizada de los efectos del Coronavirus

lunes 27 de abril de 2020

Mujeres esenciales

La crisis sociosanitaria de la COVID-19 ha revelado la centralidad de los trabajos de cuidado, impactando en toda la sociedad. Pero, ¿cómo estamos haciendo frente las mujeres a esta situación sobrevenida desde nuestros puestos de trabajo esenciales y qué estrategias y redes han surgido?

mujeres unidas

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~~Hace algo más de un mes que los movimientos feministas volvimos a tomar las calles para reivindicar el 8M, cita anual e internacional en el que se conmemora el Día Internacional de las Mujeres y que tanta fuerza ha ido adquiriendo en los últimos años.

En La Rioja también salimos a la calle convocadas por la Coordinadora 8M 2020 y la Plataforma 8M, de la que forma parte activa CCOO La Rioja. Las personas que acudimos lo hicimos convencidas de que si las mujeres paramos, se para el mundo, debido al peso y a la fuerza de trabajo -remunerado o no, formal o informal…- que tenemos.

La crisis sociosanitaria de la COVID-19 ha revelado la centralidad de los trabajos de cuidado, impactando en toda la sociedad y, más intensamente, en las mujeres: en el ámbito de los hogares, tenemos que hacer frente a más carga de trabajo doméstico y reproductivo; y en el ámbito profesional, nos enfrentamos a una mayor riesgo de contagio al ocupar los trabajos de los sectores esenciales durante esta pandemia, como es el de cajeras de supermercados, limpiadoras, sanitarias, empleadas de hogar, farmacéuticas, etc.

La realidad estadística de La Rioja no difiere mucho del panorama nacional: la tasa de actividad de las riojanas es del 55% frente al 63% de los riojanos, de la cual soportamos una parcialidad del 26,6% frente al 7% de los hombres; una brecha salarial del 22% (EPA del 4º trimestre 2019) y dedicamos 4 horas diarias a las tareas domésticas y de cuidados frente a las dos que dedican que nuestros compañeros (Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010). Según el último informe del Mercado de Trabajo de La Rioja. Datos 2018 (2019), somos mayoritarias en los sectores sanitarios (94% del personal de enfermería y el 91% del auxiliar de enfermería); en el de la limpieza (81%); en el del comercio (92% cajeras supermercados); y somos el 97% de las empleadas domésticas.

Pero, ¿cómo estamos haciendo frente las mujeres a esta situación sobrevenida desde nuestros puestos de trabajo esenciales y qué estrategias y redes han surgido?

Una compañera de enseñanza manifiesta que el cambio de una enseñanza presencial a otra telemática ha supuesto un aumento de la carga de trabajo que no para de crecer. La sorpresa inicial dio paso a la necesidad urgente de ponerse en contacto con el alumnado, bien vía plataformas educativas bien telefónicamente, averiguar cómo estaban ellos y sus familias, transmitirles apoyo y tranquilidad, escuchar dudas, quejas y miedos. El papel de las tutoras de grupo, como enlace entre los y las alumnas, las familias y el resto del profesorado está siendo fundamental para sortear los obstáculos de la falta de una infraestructura digital y adaptarse a las circunstancias de cada hogar.

Hacer frente a esta situación ha supuesto tener que reinventarse y aprender nuevas formas de transmitir conocimientos, a la vez que se compagina con el papel de madres, hijas, tías, amigas, en función de la casuística de cada una, con lo que también aumenta la carga emocional: "El día a día con el trabajo, la preocupación por nuestra familia, alumnado y amistades, la compra, la desinfección, el lavado de manos,…, el agotamiento psicológico está ahí pero también las ganas por salir adelante y volver a encontrarnos otra vez en las aulas y en la calle.

Otra afiliada, técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería, nos cuenta cómo está afrontando la situación en uno de los hospitales públicos de La Rioja. Tras superar el caos de los primeros días, en los que los protocolos cambiaban para adaptarse a las necesidades y a la presión de pacientes afectados, ahora refiere que todo está más tranquilo y organizado, gracias a la profesionalidad y al compromiso de las compañeras y a que el pico se ha estabilizado.

Admite que la sobrecarga de trabajo se está pudiendo sobrellevar porque se reforzaron los turnos (cinco auxiliares y cinco enfermeras por turno y planta, en lugar de dos y dos) y que la mayor dificultad está en seguir escrupulosamente los protocolos, moverse con los EPI en un espacio más reducido que el habitual porque ahora las habitaciones están ocupadas por dos personas en lugar de una. Más duro le resulta frente a la carga emocional: "porque el perfil del paciente ha cambiado. Antes eran personas mayores y estaban acompañadas. Ahora encuentras mayores y personas jóvenes, en estado crítico y aisladas", con las que resulta difícil comunicarse debido a las dos mascarillas y la pantalla que forman parte de la protección que llevan. Las auxiliares también atienden y suplen las necesidades más humanas, facilitando la comunicación con la familia, estando atentas a que los móviles estén cargados a la hora prevista para las llamadas; marcando números de teléfono y ayudando a conectar los dispositivos a la wifi del hospital para que se abran esas ventanas digitales que, en tiempos de confinamiento, nos sirven para vernos, oírnos y ponernos presencia.

Otra compañera del hospital resalta lo difícil que es acompañar a esas personas solas que sienten que se están apagando y recuerda que "el momento más duro fue cuando tuve que entrar en una habitación con un hijo a ver a su madre por última vez. Él iba equipado con los EPI y no podía tocar a nada ni a nadie". Tener que contener los impulsos de besar y abrazar por última vez al familiar, "sin saber qué decir y aportar para paliar un poco ese tremendo dolor", da muestra de la gran carga emocional y sicológica a la que se están enfrentando estos días.

La vuelta al hogar de esta trabajadora es dura porque, como persona expuesta a mayor riesgo de contagio, lleva un aislamiento más estricto, saliendo casi exclusivamente para trabajar y sin poder echar una mano a su madre y padre ya mayores. Reconoce tener sólo "contacto con las compañeras por miedo a tener el virus y ser asintomática" y se siente afortunada por no tener a su cargo menores ni mayores dependientes como otras compañeras que viven con más miedo poder contagiar y tienen más dificultades a la hora de compaginar trabajo y responsabilidades familiares. Aún así, entre ellas se ayudan cambiando turnos, compartiendo información, cuidando de aquellas que no tienen experiencia y "aprendiendo unas de otras".

Esta misma vivencia de red de cuidados entre compañeras nos transmite una trabajadora del sector de limpieza de hospitales: "nos estamos cuidando entre nosotras, tanto emocional como psicológicamente". Reconoce sentirse valoradas por el Servicio Riojano de Salud, "aunque en materia de seguridad se está bajo mínimos, sobre todo por parte de la empresa privada, que no aporta nada". Superada la locura y desesperación de los primeros días, siente que la situación sigue siendo complicada fundamentalmente por la dificultad que entraña desempeñar el trabajo en un psiquiátrico con pacientes positivos. Aún así, afirma, con la misma fortaleza que transmite, que "todo lo que esté en nuestra mano se realizará para poder superar esto".

La situación de las trabajadoras de los centros de atención de personas con discapacidad se ha visto sobrecargada por la incompetencia de sus equipos de gestión. Salvo algunas excepciones que han seguido todos los protocolos y procedimientos desde el comienzo de la pandemia, se han detectado retraso en la toma de decisiones, arbitrariedad en la adopción de medidas de protección, vulneración de los derechos de información, consulta y participación de la representación de los trabajadores y trabajadoras, falta de planificación y anticipación. Todo esto ha supuesto una exposición innecesaria al riesgo de contagio por Covid-19 de las trabajadoras y trabajadores. Esta crisis, pone de manifiesto, una vez más, la falta de capacitación de algunos equipos directivos, a veces con el conocimiento de la Administración correspondiente.

Sensación diferente nos transmite una delegada de la industria de la madera. Recién incorporada a su trabajo tras un ERTE parcial por falta de materia prima, que obligó a su empresa a trabajar al 75%, nos cuenta que la vuelta está siendo tranquila porque la empresa ha estado informando a la plantilla en todo momento y ha implantado todas las medidas de protección (mascarillas, tapabocas, pantallas, guantes, líquido desinfectante, agua y café gratis, etc.). Lleva bien volver al trabajo aunque ello haya supuesto renunciar a atender presencialmente a sus familiares mayores: ella se encargaba de llenar las neveras y pastilleros de su madre, sus suegros y sus abuelos semanalmente. Ahora sólo se encargará de las medicinas y ya han pensado cómo hacerlo sin verse.

Se siente cuidada por su empresa y hasta orgullosa, ya que en sus plantas se han diseñado, producido y transportado camas ultraligeras y biombos que han sido donados a hospitales, centros sanitarios y residencias. Las últimas noventa camas, han ido a parar al Hospital de Calahorra. También siente emoción al hablar de su pueblo, Badarán, uno de los pocos pueblos sin contagios gracias a las iniciativas solidarias que han armado: mientras un grupo de mujeres cose tapabocas con las mantelerías que han donado los dos restaurantes del pueblo, otro las ha ido distribuyendo entre la gente del pueblo y hospitales (llevan ya dos mil quinientas, ¡son incansables!); dos voluntarios desinfectan el pueblo todos los sábados, usando sus tractores y sus atomizadores con el agua y cloro que les facilita el ayuntamiento; y la tienda del pueblo ha ampliado sus productos y se encarga de abastecer a todas las vecinas y vecinos, evitando los desplazamientos a las grandes superficies de las ciudades cercanas. Además, la ordenada y disciplinada cola que se forma en su puerta es ahora el punto de encuentro donde se pregunta por el bienestar del resto.

El pueblo se prepara ahora para celebrar sus fiestas desde los balcones y ella se encarga del cartel anunciador.  

La exposición alta al contagio derivada de la atención directa con las personas que atienden la encontramos también en un piso de protección de menores, en el que conviven un equipo de 6 educadoras y 8 menores de diferentes edades. Sus experiencias nos sirven para visibilizar una realidad que parece pasar inadvertida en el relato apresurado de lo que está siendo esta pandemia: la de estos hogares que son a la vez centros de trabajo en los que se cuida, se acompaña, se educa y se da un entorno seguro a niños, niñas y adolescentes por motivos diversos.

El personal de este recurso, mayoritariamente femenino, ha visto aumentada su carga de trabajo por el cierre de los centros escolares, la suspensión de los permisos con las familias y las salidas de ocio. Estas circunstancias han hecho que las horas de convivencia, las horas de seguimiento escolar y de ocio "casero" aumenten y, en consecuencia, también la carga emocional. Esto no sólo dificulta el día a día del piso y la labor del personal -que no ha sido reforzado para hacer frente a esta circunstancia excepcional-, sino que también ha impactado en las necesidades de apoyo que el grupo de menores necesita al verse, doblemente confinados: social y familiarmente.

En este contexto resulta difícil mantener la distancia de seguridad o armarte de un EPI fantasmagórico ante una criatura que necesita un abrazo o sentir el contacto humano para hacer frente a las emociones que le desbordan. A día de hoy continúan esperando que la empresa cumpla con la promesa de realizar test a la plantilla y menores, lo que aliviaría la presión que sienten de contagiar a las personas con las que conviven.

Estos son algunos ejemplos de la multitud de situaciones y estrategias de afrontamiento que se están dando estos días y que se esconden detrás de las cifras frías de muertes, contagios y curaciones. Todos ellos tienen el elemento común de requerir no sólo una atención profesional sino también una atención comprensiva, empática, atenta y cuidadosa, cualidades que ningún complemento salarial recompensa ni se ponen en valor a la hora de elaborar las categorías profesionales de los sectores y las ocupaciones que mayoritariamente desempeñamos las mujeres.

Esta característica del ámbito laboral es un reflejo de lo que valoramos y damos importancia como sociedad. Y es también lo que quiere visibilizar el lema feminista con el que empezamos este texto: si nosotras paramos, se para el mundo.

 Área  de Igualdad en CCOO de La Rioja
 

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lunes 27 de abril de 2020

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